Recomendación del alma (Oraciones por los agonizantes)

Si la condición del enfermo empeora, se ha de encomendar su alma a Dios. Si no está presente el Sacerdote, alguien que esté en la habitación del enfermo dice las siguientes plegarias, arrodillado cerca de la cama; si es posible, el enfermo podría responder por sí mismo a estas oraciones hechas en su nombre por la Santa Madre Iglesia. Se enciende una vela bendita, que sostiene uno de los presentes. El enfermo, si tiene fuerzas, puede sostener esta vela como un recuerdo de la que le dieron en el momento de su Bautismo, como un símbolo de santificación y una promesa de vida eterna.


Señor, ten piedad de él (o ella).
Cristo, ten piedad de él (o ella).
Señor, ten piedad de él (o ella).

Santa María, ruega por él (o ella).
Todos los Santos Ángeles y Arcángeles, rogad por el (ella)*.
San Abel,
Todos los coros de los Justos,*
San Abraham,
San Juan Bautista,
San José,
Todos los Santos Patriarcas y Profetas,*
San Pedro,
San Pablo,
San Andrés,
San Juan,
Todos los Santos Apóstoles y Evangelistas,*
Todos los Santos Discípulos del Señor,*
Todos los Santos Inocentes,*
San Esteban,
San Lorenzo,
Todos los Santos Mártires,*
San Silvestre,
San Gregorio,
San Agustín,
Todos los Santos Obispos y Confesores,*
San Benito,
San Francisco,
San Camilo,
San Juan de Dios,
Todos los Santos Monjes y Ermitaños,*
Santa María Magdalena,
Santa Lucía,
Todas las Santas Vírgenes y Viudas,*
Todos los Santos y Santas de Dios, interceded por él (o ella).

Séle propicio, perdónalo (perdónala), Señor.
Séle propicio, escúchalo (escúchala), Señor.
De tu ira, líbralo (líbrala), Señor.
Del peligro de la muerte,
De la mala muerte,
De las penas del infierno,
De todo mal,
Del poder del demonio,
Por tu nacimiento,
Por tu Cruz y tu Pasión,
Por tu Muerte y Sepultura,
Por tu gloriosa Resurrección,
Por tu admirable Ascensión,
Por la gracia del Espíritu Santo Paráclito,
En el día del juicio,
A nosotros, que somos pecadores, te rogamos, óyenos.
Para que lo (la) perdones, te rogamos, óyenos.

Señor, ten piedad de él (o ella).
Cristo, ten piedad de él (o ella).
Señor, ten piedad de él (o ella).


Cuando el alma está en su última agonía, se dice lo siguiente:

PROFICISCERE ANIMA CHRISTIANA

Sal, alma cristiana, de este mundo, en el nombre de Dios Padre Omnipotente, que te creó; en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por ti padeció; en el nombre del Espíritu Santo, que te fue dado; en el nombre de la gloriosa y Santísima Virgen María, Madre de Dios; en el nombre de los Tronos y de las Dominaciones; en el nombre de las Potestades; en el nombre de los Querubines y Serafines; en el nombre de los Patriarcas y Profetas; en el nombre de los Santos Apóstoles y Evangelistas; en el nombre de los Santos Mártires y Confesores; en el nombre de los Santos Monjes y Ermitaños; en el nombre de las Santas Vírgenes y de todos los Santos y Santas de Dios: hoy tu lugar sea en la paz y tu morada en la Santa Sión. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.

Dios misericordioso, Dios clemente, Tú que por la inmensidad de tu misericordia, borras los pecados de quienes se arrepienten, y perdonas sus culpas pasadas: mira benigno a tu siervo (sierva) N., y concédele la remisión de todos sus pecados, pues te lo suplica con toda la sinceridad de su corazón. Padre bondadoso, renueva en él (ella) todo cuanto fue corrompido por debilidad humana o cuanto fue profanado por engaño del demonio, y consérvalo (consérvala) en la unidad de tu Iglesia como miembro vivo que ha participado en la Redención. Señor, ten compasión de sus gemidos, conmuévante sus lágrimas, y, como no tiene confianza sino en tu misericordia, admítelo (admítela) al Sacramento de tu perdón. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.

Te encomiendo, hermano muy amado, a Dios omnipotente, al mismo que te creó y te formó de barro de la tierra, para que después que hayas pagado con la muerte la deuda común de los hombres, vuelvas a tu Creador. Cuando tu alma se separe del cuerpo, salgan a tu encuentro la brillante muchedumbre de los Ángeles, el tribunal de los Apóstoles, jueces del universo, y el victorioso ejército de los Mártires; la resplandeciente multitud de Confesores, como lirios, te rodee; el coro jubiloso de las Vírgenes, te reciba; y descanses lleno de felicidad en compañía de los Patriarcas. San José, patrono dulcísimo de los moribundos, eleve tu corazón a la esperanza del cielo; la Virgen María, Santa Madre de Dios, vuelva benigna hacia ti sus ojos; se te presente amable y sonriente el rostro de Jesucristo para que disponga seas contado entre quienes lo acompañan para siempre. Que ignores todo cuanto hace horrorosas las tinieblas y todo cuanto tortura en los suplicios eternos. Apártese de ti el abominable Satanás con sus ejércitos: tiemble de espanto cuando llegues tú, acompañado de los Ángeles, y se precipite en el tremendo abismo de la noche eterna. Levántese Dios, desaparezcan sus enemigos: huyan de su presencia los que lo odian. Como se esfuma el humo, se desvanezcan; como se derrite la cera delante del fuego, así perezcan los pecadores delante de Dios. Por el contrario, los justos se regocijen y celebren alegres fiestas delante del Señor. Sean por tanto confundidas y se avergüencen todas las legiones infernales, y los ministros de Satanás no se atrevan a impedirte tu camino.

Jesucristo, quien por ti fue crucificado, te libre de los suplicios del infierno. Jesucristo, el Hijo de Dios, te libre de la muerte eterna, ya que se dignó morir por ti. Te establezca en los jardines siempre floridos del Paraíso, y, como verdadero Pastor, te reconozca entre sus ovejas. Te absuelva también de todos tus pecados, y te coloque a su diestra en la herencia de los escogidos. Que puedas ver cara a cara a tu Redentor, y en su eterna presencia contemplar con ojos dichosos la clarísima luz de la verdad. Colocado (colocada) así entre los ejércitos de los bienaventurados, te sea dado gozar de la dulzura de la contemplación de Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.


Recibe, Señor, a tu siervo (tu sierva) en el lugar donde espera recibir la salvación de parte de tu misericordia.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva) de todos los peligros del infierno, del temor de la pena, y de toda tribulación.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a Enoc y a Elías de la muerte común del mundo.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a Noé del diluvio.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a Abraham de Ur de los Caldeos.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a Job de sus padecimientos.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a Isaac de ser sacrificado por manos de su padre Abraham.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a Lot de los habitantes de Sodoma y del incendio de su ciudad.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a Moisés de las manos de Faraón, Rey de los egipcios.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a Daniel del lago de los leones.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a los tres jóvenes del horno de fuego y de las manos de un rey inicuo.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a Susana de un falso crimen.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste a David de las manos del rey Saúl y de las manos de Goliat.
R. Amén.

Libra, Señor, el alma de tu siervo (sierva), como libraste de las cárceles a Pedro y Pablo.
R. Amén.

Y como libraste a la Virgen y Mártir Santa Tecla de tres tormentos muy atroces, así también dígnate librar el alma de tu siervo (sierva), y haz que goce contigo de los bienes celestiales.
R. Amén.


Señor, te encomendamos el alma de tu siervo (sierva) N. y te suplicamos, Señor Jesucristo, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus Patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo. Reconoce en ella, Señor, a una de tus obras, que no es creación de divinidades extrañas sino tuya, vivo y verdadero Dios, porque no hay otro Dios como Tú, ni siquiera semejante en el poder de tus obras. Señor, cuando se presente delante de Ti, llena de alegría su alma, y no te acuerdes ya de sus pecados pasados y de los excesos que le suscitó el ímpetu o ardor de la concupiscencia. Porque aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo ni al Espíritu Santo, antes bien creyó, fue cuidadoso (cuidadosa) de la honra de Dios, y fielmente adoró al Creador de todas las cosas.

Olvida, Señor, los pecados de su juventud y sus errores, y, por tu gran misericordia, acuérdate de él (ella) en la gloria de tu claridad. Que se le abran los cielos y los Ángeles se alegren juntamente con él (ella). Acoge, Señor, en tu reino a este siervo tuyo (esta sierva tuya). Recíbalo (recíbala) San Miguel, el Arcángel de Dios, que mereció ser príncipe del Ejército celestial. Salgan a su encuentro todos los Santos Ángeles, y lo (la) conduzcan a la ciudad de la Jerusalén celestial. Recíbalo (recíbala) también el Apóstol San Pedro, a quien de parte de Dios le fueron entregadas las llaves del reino celestial. Ayúdele el Apóstol San Pablo que fue digno de ser elegido entre muchos. Y San Juan Apóstol, elegido de Dios, a quien fueron descubiertos secretos celestiales. Rueguen por él (ella) todos los santos Apóstoles que recibieron del Señor el poder de atar y desatar. Intercedan también por él (ella) todos los Santos y Elegidos que en este mundo soportaron tormentos por el nombre de Jesucristo, para que, libre de las ataduras del cuerpo, merezca llegar a la gloria del reino celestial. Atienda Dios sus ruegos por Jesucristo Nuestro Señor, quien con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.


Oración a la Santísima Virgen María

Piadosísima Virgen María, Madre de Dios, dulce consuelo de los que sufren: recomienda a tu Hijo el alma de tu siervo (sierva) N., para que, confiado (confiada) en tu intercesión maternal, no tema ya los horrores de la muerte, sino que, en tu segura compañía, camine lleno (llena) de gozo hacia la deseada mansión de la Patria Celestial. R. Amén.

Oración a San José

Recurro a ti, San José, Patrono de los agonizantes, en cuya muerte estuvieron presentes Jesús y María. Por estos tus dos amores queridísimos, encarecidamente te encomiendo el alma de nuestro hermano (hermana) N., que sufre su postrera lucha. Líbralo (líbrala) con tu protección de las asechanzas del demonio y de la muerte eterna, y haz que merezca llegar al gozo eterno de los cielos. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. R. Amén.


Si se prolongan todavía los sufrimientos de la agonía, se podrán leer otros salmos y oraciones sobre el lecho del enfermo, así como los textos del Evangelio según San Juan, especialmente en sus capítulos 18 y 19, tal como se hace en el Viernes Santo. Al acercarse el momento de la expiración, todos los que están alrededor del lecho del moribundo se arrodillarán y rezarán por él con gran fervor. Si el moribundo aún puede hacerlo, que invoque el Santo Nombre: Jesús, Jesús, Jesús. Si ya no pudiese, que el Sacerdote o alguien se le acerque e invoque el Santo Nombre en sus oídos, así como el Acto de Contrición, el Credo, el Padre nuestro, el Ave María, el Gloria, la Salve, etc., así como las siguientes oraciones, repitiéndolas frecuentemente:

En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Señor Jesucristo, recibe mi alma.
Santa María, ruega por mí.
¡Oh María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, protégeme del enemigo, y recibe mi alma en el momento de mi muerte!
San José, ruega por mí.
¡Oh Señor San José, con tu Esposa, la Santísima Virgen, abre mi corazón a la divina misericordia!

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, expire en paz con vosotros el alma mía.

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